domingo, 29 de junio de 2008

Arquitectura

Según el Arq. José García Bryce, estudioso de nuestra arquitectura, "el primer período de la arquitectura republicana abarca desde principios del siglo XIX hasta la década de 1870 a 1880. Es la primera manifestación arquitectónica del Perú como nación independiente. El término arquitectura republicana ha sido tácitamente admitido como apelativo de la arquitectura costeña de gran parte del siglo XIX. Parece ser adecuado porque evoca un contraste con el término arquitectura colonial o virreynal". Desde el comienzo de la era republicana, la cultura y la creatividad arquitectónica comenzaron a concentrarse, primero en la costa (con excepción de la ciudad de Arequipa) y después en Lima. Este fue un síntoma del centralismo incipiente y del decaimiento de las pujantes ciudades serranas de las épocas incaica y Virreynal"
"Diferencia importante con la arquitectura colonial (o vírreynal), es que en la colonia se construyeron importantes monumentos religiosos (iglesias y conventos) aparte de la arquitectura doméstica o civil, mientras que en la República no se construye ya casi ninguna iglesia o convento debido al debilitamiento de la vida eclesiástica después de la Independencia y por el carácter laicista del mismo siglo. En América se debilitó la preeminencia cultural eclesiástica y su rol de centro espiritual de la vida social.La fe siguió siendo católica, pero los términos más importantes de la arquitectura fueron únicamente la casa urbana, el rancho y la casa hacienda.
"La planificación de la casa republicana se mantuvo dentro de la antiquísima tradición mediterránea de ambientes organizados alrededor de patios relativamente cerrados al exterior, como habían sido en la época virreynal. Tampoco variaron las necesidades y forma de vida, y muchas casas republicanas en Lima en Trujillo y Arequipa, no son sino casas coloniales reconstruidas, en las cuales se han aprovechado los muros y los techos de las antiguas estructuras. Más notoria fue la transformación de la estilística y del lenguaje arquitectónico: se abandonaron las formas barrocas y rococó y se adoptaron las neoclásicas".
Los arquitectos buscaron la belleza en el renacimiento de las formas puras de Grecia y de Roma, abandonándose el barroco con su última expresión, el rococó, como a expresiones estilísticas del absolutismo y la contrarreforma características de la corrompida sociedad cortesana, encontrando, más bien, con el desarrollo de la Arqueología europea, en Grecia y Roma los símbolos de la democracia y virtud republicanas.
"Desaparecieron los balcones de celosía siendo muchos reemplazados por largas galerías de madera y vidrio, rematadas por comisas clásicas que son los balcones republicanos. En los patios se abandonaron los modelos andaluces y se llegó a soluciones que recuerdan las de los patios pompeyanos con sus hileras regulares de columnas clásicas. Las rejas de ventanas, se convirtieron en rejas de fierro forjado primero y luego en fierro fundido, confeccionadas en fábricas, en serie.
Las portadas, pilastras o jambas de puertas y de ventanas, se confeccionaron en madera o en yeso y se recubrieron las molduras anteriores con el nuevo diseño neoclásico. Se abandonaron definitivamente las formas gruesas y pastosas del barroco por la finura, el equilibrio y la estructuralidad de las formas clásicas".
Una de las mejores expresiones del estilo neoclásico en el Perú está constituida por el grupo de residencias y palacios que se construyen en Trujillo, durante el segundo tercio del siglo XIX. La superposición del neoclásico respetó en la mayoría de los casos, con pocas alteraciones, como en el caso de la Casa de la Emancipación, la planta del siglo anterior así como el sistema de cubierta, superponiendo estructuras de madera que impusieron los órdenes clásicos sobre las columnas azpatadas del barroco.
El patio, en torno del cual se desarrolla el programa de vivienda, es la célula básica de la casa que agrupa el salón principal y las habitaciones laterales, entre las cuales destaca la habitación de esquina, destinada generalmente a escritorio y lugar de discusión de negocios. En el presente caso, este ambiente posee dimensiones extraordinarias (16 m. de largo por 5.60 m. de ancho),junto a un pórtico sobre podio de orden muy ligado a los cánones clásicos de Vignola y de Palladio. El trazo del énfasis de las columnas, la figura de los capiteles y las bases, así como el correcto diseño de la molduración, hacen notar, especialmente en esta casa, que quienes diseñaron los elementos eran perfectos conocedores del canon arquitectónico del período neoclásico. Sin embargo, pese a las excelencias de los elementos formales de la arquitectura, sobresale en ésta y todas las casas de la época, la reja, típico espécimen trujillano que con su canopeo y repisa, estilización de origen napoleónico, y con su diseño transparente y lleno de armonía entre curva y recta, da la tónica del tipismo trujillano en materia arquitectónica. La reja cumple en esta arquitectura la doble finalidad de ser un elemento que cancela el paso y, al mismo tiempo, permite en un clima cálido corno el de Trujillo, la libre circulación de la corriente de aire. En los interiores de las habitaciones la arquitectura neoclásica pacta con el barroco dieciochesco, al conservarlas cubiertas de madera con vigas y viguetas que crean casetones de muy fina traza. A ello debe añadirse la singular elegancia del grupo de ménsulas finamente talladas que descansan sobre el arrocabe.
La carpintería de puertas y ventanas rinde tributo al influjo inglés con sus puertas que se pliegan en doble cierre y que, en sobrios recuadros, recoge la tamizada luz que se filtra por las rejas. El segundo patio o traspatio crea un ambiente de intimidad en donde el suave rumor del agua de la fuente invita a la reunión familiar, en medio de un pequeño jardín que se crea seguramente en el último tercio del siglo. En torno a este espacio con su corredor y columnata de circulación que lo rodea por sus cuatro lados a la manera pompeyana, se abre la cuadra contigua al salón principal, teniendo al frente el comedor y a los costados las habitaciones privadas. A un lado del comedor se suceden las habitaciones para las tinajeras, cocina y habitaciones de servicio y al otro lado del traspatio se abre la huerta e ingreso de servicio y las caballerizas. Un corredor o callejón techado une los patios y el servicio facilitando la circulación sin privar la intimidad de las habitaciones. Completa el diseño el oratorio, ubicado a un costado del salón principal.
Llama poderosamente la atención el tributo de originalidad que estas casas pagan a la policromía barroca. El gusto actual por la textura de los materiales vistos, ha hecho confundir y olvidar que la arquitectura trujillana en particular y la peruana en general, tuvieron un gran gusto por la policromía. Ya es indiscutible, de acuerdo a los descubrimientos de los últimos años, que en el siglo XVII se ornaron los muros de patios y habitaciones interiores con pinturas artística al temple. Pero lo que es sorprendente y muy alejado de nuestros gustos actuales es la pintura de los exteriores que, aparte del valor de resalte de las diversas partes de la portada y de sus molduraciones, cubren íntegramente la fachada en el barroco.
Esta policromía que podría considerarse como primitiva del estilo barroco, penetra como una tradición que es aceptada con gusto en el neoclásico. No se trata solamente de escenas en cuadros o medallones que empleó la arquitectura del neoclásico francés o inglés, sino que se transforma en un elemento decorativo que enfatiza la verticalidad del orden arquitectónico, sirviéndole como trasfondo y evitando la monotonía de un muro ornado solamente en tonos monócromos (como ha sido nuestra visión tradicional del neoclásico). En la Casa Rosell Urquiaga amplias bandas en tono azul ultramar resaltan sobre un fondo ocre, en atrevida combinación de colores complementarios.
En el exterior, las casas trujillanas del período que comentamos, son sobrias salvo excepciones. En el caso que nos ocupa, ambas fachadas carecen de entablamento, constituyendo los únicos elementos decorativos las ventanas ornadas de rejas con sus característicos canopeos y repisas, ambos elementos típicos de la arquitectura trujillana. Sobrios balcones con antepechos de metal flanquean la portada constituída por pilastras cónicas de trazo muy correcto, coronadas por un enhiesto frontón triangular.

1 comentario:

Jucapica dijo...

Interesante todo, si es la casa Rosell Urquiaga y no casa Madalengoitia ¿por qué también es Casa de la Emancipación?